Cuento colaborativo de Librarium
"GUADIANITA PILOTERA, EL ORIGEN"
Nuestra historia comenzó una mañana de noviembre en la zona Zepa del río Guadiana a su paso por Badajoz. Nuestra protagonista, Guadianita, una ranita de la especie Piloterus Ibéricus Patilargus, última superviviente de su especie. Vivía en una cueva acuática en el río Guadiana cerca de la rotonda de los Cabezones. Su vida era difícil, por un lado tenía que lidiar con las especies invasoras como el nenúfar mexicano o el camalote que le hacían más difícil nadar; por otro lado, siempre había un cocinillas que quería agasajar a sus comensales para cenar con unas ancas de rana.
Aunque lo que en aquel momento le preocupaba más un grupo de científicos que la buscaban desesperadamente para experimentar con ella al ser la única de su especie. Para eludir ser cazada, Guadianita llevaba mucho tiempo conviviendo con otra especie para pasar desapercibida.
Pero un día ya no pudo más, salió de su escondite y en uno de sus saltos rebotó en un nenúfar mexicano y se estampó contra el cristal de dirección del colegio Guadiana. Resbaló, resbaló y fue a parar a la misma puerta de entrada del cole. Tal fue el trompazo que se dio que se quedó aturdida y le salieron grandes heridas en todo su cuerpo.
La suerte fue que pasaba por ahí una profe que la recogió y se la llevó a la biblioteca para curarla con mucho cariño.
Allí descubrió un nuevo mundo cautivador. Había llegado al lugar del conocimiento. Una sala atestada de grandes estanterías llenas de todo tipo de libros en los que Guadianita aprendió a disfrutar de la lectura al lado de los niños/as que iban a leer en ella.
Sin embargo, existía un libro, “Clara, guardiana de los mares”, que escribieron unos alumnos/as y que todos querían leer, pero del que no existían volúmenes disponibles. Entonces, la coordinadora de biblioteca le habló de la posibilidad de leerlo en Librarium y buscando y buscando se topó con un libro de pilotos que le llamó la atención.
Fue tal su fascinación que se convirtió en una fanática del tema. Hasta tal punto que para convertirse en piloto se apuntó a la Escuela de reactores en el ala 23 del Aeródromo de Talavera la Real, un pueblo muy cercano a Badajoz.
Allí comenzó su formación como piloto y eso le ayudó a viajar por infinidad de países donde además de conocer multitud de culturas, concienció a la gente de la importancia de mantener su entorno lo más limpio posible y librar de basuras las aguas de sus ríos pues eso suponía la pérdida de especies.
En todos los lugares Guadianita se encargó de alzar la voz en defensa de las especies en extinción y concienciar a las autoridades para que actuaran para erradicar este gran problema. En Europa ayudó al lince ibérico y al buitre negro; en Asia, al tigre de Bengala y al panda rojo; en Oceanía, al tuatar y al betton del norte; en América, al oso andino y al tití cabeza blanca; en África, al hipopótamo pigmeo y a la tortuga verde y en la Antártida, al pinïno de Magallanes y a la ballena azul.
Pero un día, Guadianita se vio forzada a volver a Badajoz para salvar a una especie que entró en peligro de extinción. Quería ayudar con su experiencia en otros países a recuperar esta especie. Al llegar a Badajoz, amenizó suavemente sobre las aguas del río Guadiana que tantas alegrías le había dado y se le ocurrió visitar el cole donde había empezado todo. Allí todos le recibieron con una estupenda bienvenida y fue tal su felicidad que decidió quedarse allí a vivir en el lugar del cole que más le gustaba y donde se sentía más cómoda, la biblioteca.
Ahora, Guadianita Pilotera, además de ser nuestra flamante mascota y aconsejarnos siempre sobre qué libros leer según nuestras preferencias y de animarnos a trabajar en defensa y el cuidado de la naturaleza, se dedica a escribir libros sobre especies invasoras de todo el mundo.

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